El debate sobre la modificación genética:
Está bien que se cambie lo que es un árbol, lo que es un salmón, lo que es la comida?

Por Marianne Arbogast

Cuando me disponía el otro día a abrir un frasco de albaricoques en conserva, observé un banderín sobre la etiqueta que decía: "AHORA LIBRE DE MG". El pequeño aviso me asegura que "se certifica que todos los ingredientes en este frasco se encuentran libres de organismos modificados genéticamente". Las discusiones acerca de alimentos que tienen ingeniería genética (IG) han comenzado sólo hasta hace poco a llamar mi atención, y yo no había comprado el producto por esa razón. Pero es claro que la compañía lo considera como un argumento de venta.

El rotulado, de hecho, es uno de los campos de batalla donde se está luchando la controversia sobre los alimentos con IG. Grupos tales como Safe Foods Campaign -que está pidiendo una moratoria sobre los alimentos que tienen ingeniería genética- están reclamando un rotulado obligatorio en todos los alimentos que contengan ingredientes genéticamente tratados. "El rápido avance de esta tecnología ha estado prácticamente sin ninguna prueba o reglamento de seguridad federal", dice un banderín de Safe Foods Campaign. "Una encuesta de la revista Time de Enero 1999 encontró que 81 por ciento de los consumidores en Estados Unidos cree que los alimentos con ingeniería genética deberían estar rotulados, aunque en los cambios más recientes de la FDA en su política sobre IG no exigen aún el rotulado o prueba extensiva sobre la salud y medio ambiente antes del mercadeo de los mismos."

La velocidad que ha tomado la revolución de los alimentos con IG -impulsada por compañías que, mientras pregonan querer alimentar el mundo, podría sospecharse con razón que lo que quieren es alimentar sus márgenes de utilidad - debería preocuparnos a todos, dice Jean English, editor de The Maine Organic Farmer & Gardener, publicado por The Maine Organic Farmer and Gardener Association (MOFGA). "Cuando MOFGA propuso su primera legislación sobre rotulado en 1993, no había ni un solo producto con IG en los estantes de nuestros supermercados", dice ella. "Ahora, se calcula que un 60 por ciento de nuestros alimentos procesados contienen ingredientes con IG, ya sean derivados de maíz o de soya. Los partidarios de la tecnología de IG argumentan que cientos de miles de americanos consumen alimentos con IG todos los días, sin efectos adversos, así que, ¿por qué preocuparse?"

He aquí el porqué, explica ella. Primero, si hubiese efectos adversos, ya sea a corto o largo plazo, cómo podríamos saber de donde provienen, si los alimentos con IG no son probados ni vienen rotulados como tales? Y segundo, las cantidades que consumimos están destinadas a ir en continuo aumento. "Los productos que están ahora en el mercado son sólo la punta del iceberg, o más exactamente, quizás, una molécula del iceberg, del desafiante nuevo mundo de los productos de IG que están desarrollando los científicos en el laboratorio" anota English. "Cada producto nuevo presenta discusiones nuevas y únicas y no probadas extensivamente acerca del impacto ambiental, la nutrición y la seguridad de los alimentos."

La FDA -y la industria de alimentos- en contraposición mantienen que los alimentos que contienen ingredientes de IG no difieren en forma sustancial de aquellos que no los tienen. Además, los portavoces de la industria dicen que el rotulado ocasionaría alarma innecesaria en los consumidores e impondría cargas significativas a los productores -un argumento que parece difícil de defender, ya que muchos fabricantes que exportan sus productos se las arreglan para cumplir con normas europeas de rotulado más exigentes.

Aquellos que exigen el rotulado creen que los alimentos de IG son substancial y peligrosamente diferentes -en los riesgos que ellos plantean a la salud humana y a la sanidad del ecosistema, en el impacto social y económico que ellos tendrán sobre la gente en los países en desarrollo, y en las preguntas fundamentales que hacen surgir acerca de la integridad de la creación. Como el activista Craig Winters de Seattle, citado en la revista Science and Spirit, lo explica, "si los alimentos de ingeniería genética fueran rotulados, los consumidores prestarían más atención y comenzarían a formular preguntas importantes: ¿Cuáles son nuestros valores? ¿Esta bien que se cambie lo que es un árbol, lo que es un salmón, lo que es la comida?

Riesgos para la salud humana

La primera razón para que quizás no esté bien hacer tales cambios tiene que ver con los riesgos para la salud humana. Aquí, gran parte de la preocupación es que simplemente no sabemos si los alimentos de IG son seguros o no, o cómo la ingeniería genética pueda cambiar la composición del valor nutritivo de los alimentos; y las pruebas mínimas que se han hecho de los productos de IG han sido patrocinadas continuamente por las mismas compañías que tienen interés económico en promocionarlos.

La Safe Food Campaign cita estudios que hacen relación entre ratas que han consumido de IG con los daños al sistema inmunológico y a los órganos y lesiones estomacales. Jean English de MOFGA escribe acerca de Arpad Pusztai, un investigador de un instituto en Escocia que había recibido dinero de Monsanto, quien perdió su trabajo luego que se hicieron públicos los resultados de un estudio documentado sobre malformación de riñones, bazo y tejido cerebral, lo mismo que el debilitamiento del sistema de inmunidad y grosor de las paredes del estómago, en ratas alimentadas con papas de IG. Aun cuando sus técnicas de investigación fueron criticadas por el instituto, éstas fueron exoneradas por un panel independiente de científicos que sostuvo que sus conclusiones estaban justificadas y recomendó una moratoria sobre la venta de alimentos de IG en Gran Bretaña.

Otra preocupación respecto a la salud tiene que ver con el uso de los genes frente a la resistencia a los antibióticos en los procesos de ingeniería genética. No se trata de "genes objetivo" para tratamientos deseados sino de "genes marcados" que facilitan probar si los genes deseados han sido exitosamente transferidos. Los críticos reclaman que esto podría conducir a un aumento en la resistencia al antibiótico en bacterias que causan la enfermedad - que es ya una preocupación de salud de proporciones significativas.

Los alimentos de IG también tienen el potencial de provocar nuevas alergias a los alimentos. Un caso citado con frecuencia es la inserción de un gen de la nuez de Brasil en la soya por Pioneer Seed Company. Aun cuando las pruebas iniciales en animales parecían indicar que el producto era seguro, la investigación posterior concluyó que la soya modificada podía provocar serias reacciones en humanos alérgicos a las nueces. Además, cuando los alimentos se modifican para que incluyan genes de especies que no se incluyen normalmente en la dieta de los seres humanos, pueden ocurrir reacciones alérgicas impredecibles.

Finalmente, los críticos de la ingeniería genética temen que ésta podría cambiar la composición del valor nutritivo de los alimentos en forma impredecible y potencialmente negativa.

Los que apoyan la ingeniería genética ven estos riesgos como mínimos, argumentando que la ingeniería genética más bien aumenta el valor nutritivo. Y los que padecen de alergia podrían beneficiarse si los científicos logran inhabilitar los genes que producen alergias.

Michael Jacobson del Center for Science in the Public Interest - un grupo guardián del consumidor que ha hablado en contra de todo desde las papas fritas a la francesa hasta de sulfuros - escribió recientemente una columna en The Wall Street Journal defendiendo los alimentos de IG. "Aunque la biotecnología no es una panacea para todos los problemas agrícolas y de nutrición, es una herramienta poderosa para aumentar la producción de alimentos, proteger el medio ambiente, mejorar la sanidad de los alimentos y producir valiosos fármacos. Esta no debe rechazarse en forma altiva." Aunque Jacobson está a favor de expandir la reglamentación y pruebas de seguridad, él es optimista acerca del potencial de la tecnología. Y su posición muestra uno de los aspectos más confusos de la controversia -esto es, que los partidarios y los adversarios de la IG continuamente fundamentan sus argumentos en el mismo conjunto de valores.

Riesgos al ecosistema

Esto es particularmente cierto en la evaluación del impacto potencial de los cultivos de IG sobre los ecosistemas. Los partidarios dicen que la biotecnología llevará a disminuir el uso de pesticidas, mientras que los adversarios sostienen que más bien aumentará el uso de éstos. Los partidarios dicen que ésta permitirá el uso menor de herbicidas tóxicos; los oponentes argumentan lo contrario.

"La ecología es muy complicada, y es difícil predecir los resultados ecológicos" dice Allison Snow, una bióloga de la Universidad del Estado de Ohio quien se encuentra estudiando el problema de la producción de genes de los cultivos de IG para las plantas silvestres relacionadas. "Es difícil decir por ahora en forma contundente que existe algún beneficio (para los cultivos de IG) o un gran riesgo general. Los ecologistas son probablemente un poco más cautos, obviamente, que la gente que está promocionando la tecnología. Probablemente la mayoría de los ecologistas que han pensado y estudiado acerca de esto dirían, sí, que hay algunos beneficios, pero que hay algunos riesgos muy serios que necesitamos vigilar".

Snow menciona tres. Uno es la evolución rápida de la resistencia al pesticida en insectos que se alimentan en cultivos manipulados con ingeniería para que contengan un pesticida tal como Bt -el Bacillus thuringiensis bacterium.

Los jardineros orgánicos -quienes esparcen Bt en polvo sobre los cultivos como una herramienta de control de pestes - están alarmados particularmente en cuanto que con su esparcido manipulado en los cultivos se produzcan deformaciones de insectos resistentes al Bt- haciendo así que el Bt sea ineficaz en cualquier forma.

Un segundo riesgo es el posible efecto de tales cultivos en insectos que no están "en la mira". La mariposa monarca se convirtió en un símbolo de este peligro luego que los investigadores de Cornell University informaron que el polen del maíz Bt -manipulado con ingeniería para producir su propio pesticida- era tóxico para esa especie. Otros estudios han encontrado que puede tener efectos en mariquitas y caballitos del diablo, insectos que benefician a los granjeros al comerse los áfidos.

Un tercer riesgo es la producción de genes de cultivos de IG que pasan a cultivos sin IG o a los cultivos silvestres de la misma familia. Esto no solo haría que la presencia de ingredientes de IG en los alimentos fuese imposible de evitar o controlar, sino que también podría crear "supermalezas" por el cruce de cultivos de IG resistentes a herbicidas con malezas relacionadas, aumentando la necesidad de herbicidas químicos y la amenaza a la biodiversidad. Aunque el flujo de genes de cultivos transgénicos a las malezas no ha sido aún documentado, Snow dice que esto está ocurriendo.

"Yo diría que esto no es muy común ahora, principalmente porque el maíz y el frijol soya y las papas (que son los principales cultivos de IG en los Estados Unidos) no tienen familiares silvestres", dice ella. "Se trata sólo de otros cultivos como el arroz, la calabaza y la canola donde está comenzando a suceder. Hace poco hablaba con alguien que decía que Tasmania quería estar libre de modificaciones genéticas, pero que había hecho algunos ensayos en el campo con canola que se modificó genéticamente y ahora ésta se encuentra a todo lo largo del camino y no hay prácticamente una manera que puedan acabar con la misma."

La posibilidad de tener cultivos tolerantes a la tensión, que necesiten menos agua o menos cantidad de nutrientes, abre otra área de debate. Del lado que está a favor, habría menor necesidad de irrigación y de fertilizantes. Del lado que está en contra, existiría la posibilidad que la agricultura se extienda más allá en áreas donde no había sido posible tener cultivos anteriormente -deseable, quizás, en regiones muy pobres del mundo, pero en últimas perjudiciales para otras, conduciendo a una pérdida posterior de la biodiversidad. Y, como sucede con los herbicidas y los cultivos resistentes a los insectos, la producción de genes podría ser un problema. Nadie quiere tener malezas resistentes a la tensión.

Es muy pronto para evaluar cuáles riesgos potenciales o beneficios están ocurriendo, opina Snow, aunque está de acuerdo que la tecnología ha avanzado demasiado rápido. "Creo que las cosas deben ir un poco más lentas, y es necesario examinar y volver a revisar las reglamentaciones gubernamentales continuamente para asegurar que se mantengan al paso con lo que la industria está tratando de vender."

Inquietudes sociales y económicas

Un colorido panfleto titulado "Global Harvest: Biotechnology & Imported Food" trae fotografías de llamativos campos verdes y dorados y mujeres en los sitios de mercado del mundo en vía de desarrollo donde abundan granos y productos. Los créditos en la contracarátula mencionan la fuente y su eslogan: "Monsanto - Alimentos, Salud, Esperanza". Dentro, la compañía cita estadísticas sobre el crecimiento de la población, expectativas de vida y la demanda global de carne, junto con la decreciente disponibilidad de tierras y fuentes de alimentos. Pero Monsanto tiene la solución: Los cultivos de ingeniería genética "permitirán a los granjeros producir más alimentos a menor costo en formas sostenibles y proporcionar a los consumidores un suministro de comida más abundante y de más alta calidad."

Los escépticos abundan. Para muchos, el nombre de Monsanto está ligado con "alimentos, salud y esperanza" pero con la infame "tecnología destructiva" que produce semillas estériles, que obliga a los granjeros a comprar nueva semilla de la compañía año tras año. Aun cuando, luego de la protesta pública masiva, Monsanto prometió en 1999 no comercializar estos "sistemas de protección de genes", la investigación y solicitudes de patente han continuado sobre tal tecnología por otras compañías mundiales.

En forma irónica, la "tecnología destructiva" podría ofrecer una ventaja ecológica, al prevenir el flujo de genes en cultivos relativamente silvestres y no manipulados genéticamente. Pero se ilustra un problema fundamental con el uso de ingeniería genética en el mundo en desarrollo -el problema de control. ¿Quién se beneficiará si la gente de las naciones en vía de desarrollo se vuelve dependiente de las grandes compañías para el suministro de sus alimentos?

La concesión de patentes a los procesos de ingeniería genética y sus productos a las compañías multinacionales es un área de preocupación tanto para aquellos que previenen acerca de los peligros de la biotecnología para los países en vía de desarrollo, como para aquellos que son optimistas acerca de su potencial.

"Se supone que las patentes y derechos de propiedad intelectual se conceden para invenciones novedosas", dijo la doctora Vandana Shiva de India, en una conferencia reciente. "Pero las patentes están siendo reivindicadas para variedades de arroz, tales como el basmati para el cual mi valle -donde nací- es famoso, o para pesticidas que se derivan del Neem que nuestras madres y abuelas han estado usando. El conocimiento de los pobres está convirtiéndose en propiedad de las grandes compañías, creando una situación donde los pobres tendrán que pagar por las semillas y medicinas que ellos han desarrollado y han usado para satisfacer sus propias necesidades de nutrición y cuidado de la salud."

Shiva menciona la biotecnología como otra etapa en el proceso de los alimentos, que - en nombre del aumento de la producción- está destruyendo la biodiversidad esencial para salud de la tierra y de los pobres, que dependen de una amplia gama de plantas nativas para satisfacer necesidades de nutrición. En un artículo titulado "A Blind Approach to Blindness Prevention" (Un enfoque a ciegas para prevenir la ceguera), ella cuestiona los beneficios aparentes del "arroz dorado", manipulado por la bioingeniería con genes de narcisos para crear un arroz amarillo con alto contenido de betacaroteno, que usa el cuerpo para producir vitamina A. Aunque se le ha aclamado ampliamente como una "cura milagrosa" para la ceguera ocasionada por carencia de vitamina A en la dieta de los niños en países pobres, su producción es parte de un proceso que ha destruido fuentes tradicionales y naturales de la vitamina, dice Shiva. "Fuentes de vitamina A en forma de vegetales de follaje verde están siendo destruidas por la Revolución Verde y la ingeniería genética que promueven el uso de herbicidas en agricultura""

Además, la producción de arroz utiliza agua en forma intensiva, al contrario de la producción de verduras y frutas nativas que producen vitamina A. Y la vitamina A en exceso puede ser dañina. Como aquellos que sufren por la deficiencia en vitamina A sufren por una mala nutrición general, la mejor medida sería aumentar la seguridad de los alimentos de los pobres, dice Shiva.

Otros, tal como Peter Matlon del U.N. Development Program (ver entrevista, página 11), también critican el sistema de patentes, creen aún que las innovaciones biotecnológicas -liberadas del manejo de los grandes intereses económicos- pueden incrementar la seguridad de los alimentos de los granjeros pobres.

Un informe de Diciembre de 2000 del E.U. - U.S. Biotechnology Consultative Forum enfatizó la necesidad de mirar el impacto de la biotecnología dentro del contexto de la globalización.

"Hay un espacio económico global, pero no hay un mecanismo que asegure la equidad global" indica el informe. "Las desigualdades en la capacidad - carencia de científicos entrenados, por ejemplo, o de abogados familiarizados con las complicaciones del sistema internacional de propiedad intelectual- perpetúan las desigualdades de la salud y bienestar sociales."

Aunque "no deberíamos cargarle a la biotecnología todo el peso de estos problemas mayores," argumenta el informe, "no deberíamos tomar decisiones respecto de la biotecnología que estén fuera de contexto. De cómo la biotecnología ayuda o perjudica al mundo, si contribuye a la equidad o la disminuye, debe ser parte de la toma de decisiones".

The Great Yellow Hype

Las mismas compañías dedicadas a la biotecnología parecen haber escuchado este mensaje, y están aprovechándolo con campañas publicitarias enfocadas en las necesidades del mundo en vía de desarrollo.

En un artículo titulado "The Great Yellow Hype", el escritor Michael Pollan del New York Times sugiere que el "reto implícito" en la publicidad que alaba los beneficios del arroz dorado "es que si no superamos nuestras nauseas por comer alimentos genéticamente modificados, los niños del tercer mundo quedarán ciegos" (NYT, 3/4/01).Continúa diciendo que "queda por verse si el arroz dorado ofrecerá tanto a los niños mal nutridos como lo hace con las reconocidas compañías de biotecnología. Su logro real puede ser ganar un argumento en vez de resolver el problema de la salud pública." Aún el presidente de la Fundación Rockefeller que financió la investigación inicial sobre el arroz dorado, ha dicho que "el uso del arroz dorado en las relaciones públicas ha ido demasiado lejos," informa Pollan.

También, otros citan los usos médicos potenciales de la ingeniería genética como un área de grandes promesas. Los científicos ya han desarrollado papas y tomates que contienen una vacuna contra la hepatitis B, y están trabajado en la inserción de un gen anti-diarreico en los plátanos, de acuerdo con una historia que aparece en la revista Science & Spirit (1-2/01). Tales vacunas serían significativamente menos costosas y más fáciles de almacenar y distribuir, dicen los que están a favor. Ellas eliminarían el riesgo de transmisión de enfermedades a través de agujas contaminadas y ofrecerían una ventaja médica promoviendo la formación de anticuerpos en el tracto intestinal.

Otros problemas éticos

La ingeniería genética de los alimentos da lugar a un cúmulo de otros problemas éticos. Los que abogan por el bienestar de los animales señalan la indisposición que sufren los animales que fueron levantados con genes de otras especies (sin mencionar el inmenso número de animales sometidos a investigación experimental de la biotecnología), y los vegetarianos no quieren tener genes volando en sus tomates.

Hay muchos, como Craig Winters, que cuestionan si la biotecnología representa un jugueteo irreverente e ignorante con los procesos sagrados y complejos de la vida. Muchos otros hacen objeción al poder de las grandes compañías con ánimo de lucro para tomar decisiones que pueden tener impactos mayores e imprevistos sobre la salud de la tierra y de su gente. Y muchos en forma intuitiva rechazan la idea que alguien tenga patentes sobre formas de vida.

"Esta tecnología no se va a ninguna parte" dice Allison Snow. "Ud. no puede 'desinventar' todas estas cosas que la gente ha descubierto acerca de la ingeniería genética. Así que la pregunta es ¿qué tan rápido debería proseguir y cómo debería usarse en forma prudente para el bien de la gente?"

Mientras que otros debatirían si debe proseguir del todo, y discuten que "el uso prudente" de la biotecnología es una contradicción en los términos, es innegable que los retos que impone la ingeniería genética están aquí para quedarse.

Detroiter Marianna Arbogast es editora associada de The Witness.