¿Cuál
manejaría Jesús?
Entrevista con
Bill McKibben
Por Julie A. Wortman
Bill
McKibben es un antiguo escritor del equipo de personal del The New Yorker y
autor de The End of Nature (pub. info), Maybe Just One (pub. info),
y, más recientemente, Long Distance: A Year of Living Strenously (Simon
& Schuster, 2000). El ha sido por un largo tiempo guardián del cambio
del clima, algo raro en su fuerte perspectiva basada en la fe.
Julie Wortman: El último verano vi un artículo en un periódico sobre la protesta anti-SUV (vehículos utilitarios deportivos) en la que usted estaba involucrado, frente a un distribuidor de autos en Lynn, Mass., justo en las afueras de Boston. ¿De qué se trataba?
Bill McKibben: Bueno, durante el año académico del 2000-2001 yo pertenecí al Centro para el Estudio de Valores en la Vida Pública de Harvard Divinity School, escribiendo un libro sobre ingeniería genética humana. Pero una de las cosas que hice mientras estuve allí fue trabajar mucho como voluntario acerca de los SUVs, entre otras cosas. He trabajado la mayor parte de mi vida en temas relacionados con el cambio del clima Escribí algo así como el libro original para una audiencia general sobre todo esto, The End of Nature, por allá en 1989. Y por supuesto, el transporte es una gran parte del tema. Una de las grandes dificultades de trabajar en relación con el cambio del clima es que ha quedado por largo tiempo en este país como un tema abstracto y hemos avanzado muy poco en ello de hecho, nada! Los americanos en el año 2000 se las arreglaron para producir cerca de 15 por ciento más de dióxido de carbono que lo que produjeron en el año 1990. Así que, es muy claro que estamos perdiendo mucho con este problema. De manera que muchos de nosotros hemos estado pensando a través de los años que necesitamos algunos símbolos muy reales para hacer que la gente lo entienda. El SUV es probablemente el símbolo perfecto, porque es muy práctico. Quiero decir, es una gran parte del problema. Quizás como la parte trasera del bus era un fenómeno muy real para la gente en el Sur en una cierta época.
Si usted tiene un carro normal un Escort o un Taurus o algo así y usted va y lo vende y se consigue uno los SUV más grandes y lo maneja por un año, la diferencia en la cantidad de energía que usted usa y por tanto la cantidad de CO2 que usted produce es lo mismo que dirigirse hacia su refrigerador esta tarde, abrir la puerta y dejarla abierta hasta el 2009.
Así que se trata de un problema muy real. Por cierto la mayor razón que las emisiones de CO2 en América se mantuvieron elevándose tan rápido en los años 90, fue porque estábamos convirtiendo nuestra flota de automóviles en una flota de asalto urbana. Así que el SUV es un símbolo bastante bueno de nuestra desatención en la forma que usamos la energía, porque mucha de ella es innecesaria. Quiero decir, nadie escatimaría tener un vehículo grande con transmisión en las cuatro ruedas y con carrocería alta a cambio de ir montado a caballo, sabe? Eso tiene mucho sentido si usted es un buen guardabosques usted va a estar fuera en la mitad de nada todo el tiempo.
Pero en su mayor parte, nosotros no tenemos necesidad de tener este tipo de vehículos. Los hemos comprado en parte por algunas preocupaciones de seguridad adoptadas, que se volvieron ilusorias cuando usted las examina, y en parte mucho más por algo de motivación de tener un status e imagen, sabe? Alguien en Madison Avenue pudo convencernos que estamos en alguna medida, entre otras cosas, más ligados con el mundo natural si maneja uno de estos vehículos. Eso es lo que todos los anuncios publicitarios hacen.
Julie Wortman: Noté que usted tenía un buen número de personas en esa protesta específica, ¿Eran gente prominente de fe?
Bill McKibben: Sí.
Julie Wortman: ¿Por qué es tan importante que la gente de fe esté involucrada?
Bill McKibben: Bueno, ¿qué puedo decir? Soy maestro de la Escuela Dominical Metodista. Para mí, esto siempre ha sido parte de mi preocupación por cuidar del medio ambiente, este sentido del que estamos hablando sobre la creación. Así que quisimos mucho involucrar esta comunidad que no había participado tan profundamente como se debía. Todo movimiento social americano importante que se me pueda ocurrir ha requerido de la participación de la iglesia para hacer llegar su mensaje y yo creo que el del medio ambiente no es la excepción. Y creo que realmente está comenzando a suceder.
Julie Wortman: ¿Cuáles son las señales que usted ve?
Bill McKibben: Yo he estado trabajando en esto por un largo tiempo, y hablar con grupos de la iglesia es una de las cosas que yo hago. Hace diez años era algo como "Ja!". La gente en realidad no lo captaba. Ahora la gente sabe que necesita estar involucrada y la cuestión es, ¿cuánto y qué tan radical debemos hacerlo? Yo creo que dentro de un periodo de tiempo muy corto como pasa con los asuntos de paz y del hambre va a tenerse por hecho que este es uno de los testimonios proféticos que la iglesia está llamada a hacer, especialmente por estar tan ligado a todos los demás temas de justicia. No existe una forma más efectiva que los americanos se hayan figurado de comprometer la vida de la gente alrededor del mundo y Dios sabe que hemos tenido nuestra cuota en el pasado que cambiando la estabilidad física diaria básica del mundo del cual dependen esas personas. Estuve en Bangladesh no hace mucho y es un gran país, un país bellísimo muy poblado, pero autosuficiente en comida. Su único problema es que su territorio es una delta del río y su altitud es muy baja, muy plano y cercano al agua. Así que si usted eleva el nivel del mar aún un poquito, lo que causa el calentamiento global porque el agua caliente toma más espacio que el agua fría, entonces va a experimentar inundaciones continuas y masivas. En 1998, dos terceras partes del país estaban bajo el agua durante la mayor parte de estos tres meses bajo agua muy profunda- y eso es debido a nosotros! No están produciendo ningún CO2. El sistema de transporte básico en Bangladesh es en carricoche impulsado a pedal! Nosotros producimos una cuarta parte del CO2 del mundo. Si ellos tienen que caminar entre el agua, nosotros somos los responsables.
Julie Wortman: El ambientalista Philip Shabecoff (ver TW 6/02) dice que una de las fallas del movimiento ambiental es que no ha hecho esas conexiones con temas relacionados con la justicia social. ¿Está usted de acuerdo con eso?
Bill McKibben: No sé hasta que punto haya sido una falla, pero ciertamente ha sido parte importante de nuestro trabajo por años.
Julie Wortman: Estaba pensando que quizás son las comunidades de la fe las que pueden hacer mejor esas conexiones?
Bill McKibben: Sí! Creo que puede ponerlo de otra manera, también, y decir que ha sido una falla mayor de las comunidades de la fe por años no haber entendido que una de las cosas de las que están llamadas a hacer es ser testigos y proteger la integridad de la creación. Ha habido muchos ejemplos de comunidades de la fe que se involucran en temas como los del hambre y la justicia social y todo lo que sea increíblemente episódico y se limitan en su mayor parte a darle a la gente carpas luego que han tenido algún desastre terrible, pero muy poco se ocupan en analizar dónde está la raíz real de lo que causa estos problemas.
Julie Wortman: Sí. A veces creo que lo que sucede entre la gente de fe es que se sienten muy bien aliviando un desastre, pero no se sienten muy a gusto con los temas sustanciales problemas económicos y sociales que necesitan ser tratados.
Bill McKibben: En este caso no se sienten a gusto con la idea de que ellos son la causa del desastre. Uno de los puntos que he estado tratando de tocar en años recientes es que es inexacto hablar de que estas cosas tales como grandes inundaciones son casos fortuitos. Hubo un tiempo en que esos vocablos tenían perfecto sentido, pero en los últimos 20 o 30 años, los seres humanos como especie han crecido lo suficiente como para que realmente seamos los que alteramos los patrones climáticos básicos en el planeta debido a nuestra utilización de combustibles fósiles.
El aire caliente retiene más vapor de agua que el aire frío. Por lo tanto obtenemos más evaporación, más sequía en zonas áridas y obtenemos más precipitaciones, más diluvios en áreas húmedas. De manera que no debería ser una sorpresa que en 1998, que fue el año más caliente registrado, también se vió a 3 millones de seres humanos, un ser humano de cada 20, forzados a salir de sus hogares por las inundaciones. Eso no es un caso fortuito; eso no es un desastre natural. Eso es por lo menos en parte un desastre causado por el hombre. Y necesitamos comenzar a pensar acerca de ellos en esa forma y asumir la responsabilidad por los mismos.
Julie Wortman: ¿Cuál es su opinión de la política de energía de los Estados Unidos?
Bill McKibben: Yo creo que la política de energía de los Estados Unidos es todo un chiste! Y creo que ha sido un compromiso bipartidista no hacer nada acerca de estos problemas ya hace varios años y continúa siéndolo.
Julie Wortman: ¿Por qué es eso?
Bill McKibben; Bueno, por dos razones. Una: Existe un enorme interés creado de las empresas de energía, también de las industrias de combustibles, en nuestro sistema político y nosotros vemos todo eso más claramente en la revelación de cosas como las de Enron o en la revelación de que la política de energía de la administración Bush fue redactada por la industria de combustibles fósiles!
Y probablemente es aún más importante que nuestros líderes políticos estén extremadamente asustados de que si hacen algo por cambiar nuestra absoluta dependencia de gasolina barata que los votantes los castigarán por eso, que la gente no está dispuesta a pagar un poco más por la gasolina, o de hacer los otros cambios muy modestamente que serían necesarios para dar un salto a la transición hacia una forma de vida sensible y por lo menos semi-sostenible.
Julie Wortman: ¿Cuáles serían para usted los tres tipos más importantes de cambio que la gente podría hacer?
Bill McKibben: Manejar menos. Usted sabe, si los americanos eliminaran un viaje en carro de 14 que hacen, si fueran capaces de planear con suficiente anticipación el ir al supermercado tres veces por semana en vez de cuatro, ello reduciría de la noche a la mañana nuestro uso de combustible fósil en cerca del 5 por ciento.
Manejar carro pequeño. Acabamos de vender nuestro Honda Civic, que hacía 40 millas por galón y adquirimos un nuevo Honda Civic híbrido realmente adquirimos el primero en el estado de Vermont- hace dos semanas. Así que ahora estamos utilizando un carro que es barato de $20,000, que está por debajo del precio promedio de un carro nuevo y que funciona absolutamente en forma normal. Nada en él es raro o inusual. Usted no tiene que enchufarlo. Es sólo un Honda Civic el carro más agradable que ha podido existir, pero porque tiene este pequeño motor con una batería eléctrica para ayudarlo, con el que obtenemos cerca de 55 millas por galón! Así que ese es el número dos. Y el número tres es comprometerse en la acción política necesaria para hacer que estos cambios sean permanentes. El mes pasado, el Senado con 19 demócratas funcionando, votó contra la propuesta la modesta propuesta de elevar el millaje promedio de gasolina a 35 millas por galón para el año 2015! Así, como lo ve, mucho menos que el Honda Civic que vendimos para conseguir este nuevo.
Julie Wortman: Ahora, he aquí una pregunta: Tuvimos algunas personas a las que les dimos un premio de Witness en el 2000, Wally y Juanita Nelson, que son activistas de largo tiempo y gente que vive simplemente en la tierra y así sucesivamente. Queríamos que ellos volaran al sitio donde estábamos celebrando este evento de premiación y Juanita dijo, "Si vamos, lo haremos por tren" por las inmensas cantidades de energía que consumen los aviones. Ahora, yo sé que usted viaja mucho por avión. ¿Recomendaría usted que se redujera este tipo de viajes?
Bill McKibben: Bueno, aplican las mismas cosas. Yo hago lo mejor y conozco muy bien el hecho de que hay algo extremadamente raro en que vuele a distintas partes del mundo para presionar a la gente a que use menos CO2. Qué puedo decir? Uno hace pactos con el diablo cuando uno siente que absolutamente tiene que hacerlo! Pero eso es muy cierto. Ahora en términos estadísticos, el tráfico es el problema más grande que existe. Allí es donde se consume más combustible. De otra parte, los viajes aéreos son muchas veces los más discrecionales de todos los transportes. Es una locura la forma en que todos saltamos tan fácilmente a un avión para ir de un lado a otro, especialmente ahora, cuando están surgiendo muy buenas alternativas. Como las conferencias por vídeo y cosas como esas.
Julie Wortman: Cierto. Yo creo que mucha gente aprendió eso después del 11 de Septiembre.
Bill McKibben: Sí, y se cansan de ser escudriñados como criminales cada vez que toman un avión ahora. El 11 de Septiembre en verdad puso de presente muchas de estas cuestiones para todos y debió haber hecho claridad para nosotros de cuán estúpida es la idea de nuestro sistema de energía tan centralizado y de nuestra profunda confianza en que la gasolina barata es para cosas de seguridad lo mismo que todo lo demás. Pero en cierto grado esto realmente debería ser mucho más una preocupación moral para nosotros que lo que es. Y esa es una de las razones por las que estábamos tratando de conseguir que el clero se involucrara. Para mí lo que más resaltó de esa protesta contra los SUV en Lynn fue mi amigo Dan Smith, quien es el pastor asistente de la iglesia donde yo me crié y su gran cartel que decía "¿Cuál manejaría Jesús?" Esa fue la imagen que los periódicos tomaron en su mayor parte y fue correcto. Quiero decir, no hay decisión ambiental más importante que la que la mayoría de gente tome en el curso de una década. La única otra decisión es ¿cuántos hijos debería yo tener? No hay decisión ambiental más importante que cuál carro va usted a manejar. Esa es la clase de decisión que uno necesita recalcar.
Julie Wortman: ¿Qué le dice usted a la gente que se ha convencido, pero que aún tienen una Explorer vieja?
Bill McKibben: Pienso que si ellos pueden ir y conseguir algo así como un vehículo híbrido eso hace sentido de verdad, porque no sólo están disminuyendo dramáticamente el uso de combustible, sino que también están dando un salto a estas tecnologías alternativas.
Julie Wortman: Otro de los carteles en la protesta de Lynn decía "Pruebe la conducción de sus pies. Apártese de los SUV". Ese es un cartel simpático porque puede ser leído de varias formas. He notado que más y más personas hablan de sus comunidades caminantes y pedaleantes.
Bill McKibben: Ciertamente. Pedales y pies. Adoro poder viajar en mi bicicleta al trabajo. Es uno de mis mayores placeres del momento. Pero nos hemos vuelto desnaturalizados como americanos, y eso es duro de curar porque hemos establecidos formas de vivir que hacen poco llamativo caminar o ir en bicicleta los suburbios, por ejemplo, donde las cosas están más retiradas de lo que deberían estar. Pero una gran cantidad de gente se las arregla para superar eso de cualquier forma y están en proceso de volverse ligeramente menos alienados de sus cuerpos también.
Julie Wortman: Eso suena como si las iglesias pudieran también realmente tomar liderazgo en la espiritualidad de la personificación?
Bill McKibben: Por supuesto. Y hacerlo en forma muy práctica con pequeños pasos como oficiar en la iglesia al aire libre y que el ministro se asegure de salir en su bicicleta todo el tiempo. El pueblo en que estamos ahora es un sitio maravilloso Middlebury, Vermont y nuestro pastor Episcopal local, Catherine Nichols, fue la primera persona en el pueblo que tuvo uno de estos carros híbridos. La placa de la matrícula dice "70 mpg" y allí está ella, con su cuello parte del tiempo, manejándolo en los alrededores. Bien, ese es un poderoso testigo. También hubo una celebración en grande del Día de la Tierra en los prados de su iglesia.
Julie Wortman: Hay un señor, Jan Lundberg, en Arcata, California, que tiene una alianza por una moratoria en la pavimentación. Y también hay otro grupo llamado Wild Lands CPR que significa Centro para Prevención de Carreteras. ¿Qué cree usted de estas campañas en contra de las carreteras?
Bill McKibben: Por lo menos, pienso que todos podrían estar de acuerdo en que tenemos suficientes carreteras. No necesitamos más de ellas y de hecho en todos los casos, como las viejas carreteras de servicio y cosas, tienen mucho sentido que sean carreteras en retiro que ya no las necesitamos. Y algún día retiraremos muchas de ellas.
Julie Wortman: Bueno, estoy fascinada con esto, porque mientras la campaña anti-SUV tiene la virtud de ser muy concreta, la campaña anti carreteras tiene la virtud de pescar la gente fuera de guardia.
Bill McKibben: Sí, ciertamente. He trabajado muy duro en estas cosas que tienen un resultado muy inmediato, porque he pasado mi carrera preocupándome por el CO2. Y en realidad tenemos sólo pocas, muy pocas décadas para reducir en forma dramática la cantidad de éste que va a la atmósfera. Ya hemos esperado demasiado para evitar daños graves. Todo lo que yo hago se predica en algún nivel pero con poca efectividad en términos de resultados. Pero yo creo que gente como Jan Lundberg son visionarios reales que hacen un trabajo absolutamente decisivo.
Julie Wortman: Es un incentivo ver la creatividad que hay allí afuera con respecto a hacer un acercamiento al problema.
Bill McKibben. Cierto. Es muy emocionante ir a sitios y ver lugares que se las han arreglado para ser pioneros en toda clase de nuevas alternativas. Yo escribí una vez sobre una ciudad de Brasil en un libro mío, un libro llamado Hope, Human and Wild. Hablé acerca de una ciudad llamada Curitiba al sur de Brasil. Una ciudad actualmente con casi cuatro millones de personas, creo. Tiene el mejor sistema de buses en el mundo y es sorprendente casi increíble el sistema de tránsito tan maravilloso que tiene y como resultado de ello, sus ciudadanos utilizan cerca de 25 por ciento menos de combustible que otros brasileños. Eso es realmente un número grande. Y ello enfatiza el punto de que los cambios en el comportamiento son posibles.
Si usted va a algún sitio pobre del mundo usted se da cuenta que cuando la gente no tiene el lujo de poder comprar su propia máquina grande para transitar, la gente aparece con docenas y docenas de otras formas totalmente efectivas para movilizarse. Y luego cuando uno va a otras partes más ricas del mundo, como Europa, usted se da cuenta que con muy poco pensamiento la gente puede concebir sistemas infinitamente más elegantes que los que nosotros tenemos.
Julie Wortman: ¿Y por qué sucede eso?
Bill McKibben: Ellos han tomado estos temas más seriamente por un tiempo mayor. Viven en circunstancias algo más concentradas que hacen que otras alternativas de tránsito sean un poco más fáciles y no están tan profundamente evangelizados por el evangelio de la comodidad y la conveniencia sobre todas las cosas como lo hemos estado nosotros.
La clase del completo y absoluto hiper-individualismo que conduce a cualquiera a manejar por sí mismos en la autopista un SUV de 3 toneladas no ha infectado a Europa al mismo grado.
Julie Wortman: Luego del 11 de Septiembre, se nos pedía que gastáramos dinero.
Bill McKibben: Que fuéramos de compras.
Julie Wortman: Probablemente debería recordar quién dijo esto, pero un columnista señalaba que la gente estaba ansiosa por contribuir al bienestar de la nación y que podía haber un momento en que se hiciera un llamado para la conservación de la energía.
Bill McKibben: Hay una cantidad de gente diciendo que esta fue LA gran oportunidad. El 11 de Septiembre, el Presidente pudo haber dicho, "Miren, tenemos dos trabajos. Un trabajo es que debemos rastrear a este individuo Bin Laden y el otro trabajo es que tenemos que cambiar para siempre nuestra dependencia del combustible fósil." ¡Pudimos haberlo hecho! Aún podemos hacerlo. Hay algo patético acerca de ver la gente saliendo a comprar SUVs, pegando la bandera americana en los mismos. Usted podría también pegar una bandera Saudita en estos ellos son los que se benefician si usted maneja uno de estos vehículos. Eso no nos ayuda.
Julie A. Wortman es editora / productora de The Witness.