Tomando
poder:
Llevar la
teología a las calles
En los años 1960s y 1970s, nosotros los afroamericanos obteníamos nuestras noticias acerca de la gente de color de tres fuentes principales: la iglesia de los negros, los periódicos de los negros y en las calles. Consideradas como mucho más confiables que las noticias ABC de la tarde en la televisión y los periódicos de los blancos como el New York Post y el New York Times, era en las calles donde normalmente escuchábamos o veíamos las noticias primero. En mi casa en el segregado Brooklyn, N.Y., de hecho, las calles funcionaban como un sitio de múltiples ambientes donde los afroamericanos hacían sus negocios, compartían socialmente y se movilizaban para actuar. Así que, viniendo de una tradición urbana negra, crecí en las calles y fui educada por ellas.
En las comunidades urbanas afroamericanas, las calles han sido siempre el sitio para el cambio radical y la tribuna para el discurso público subversivo. Semanalmente, en la era de protesta de los años 60, los afroamericanos de todos los cinco municipios incorporados a Nueva York viajaban a Harlem para oír a los ministros en la calle, a los intelectuales de la calle, a los políticos de la calle y a los historiadores afroamericanos (a lo vivo) dirigiéndose al público en el bien conocido sitio de UCLA, la Universidad de la Calle en Lennox Avenue. Sin paredes donde apoyarse, ni asientos para sentarse y, a veces, sin ninguna tarima para que hablaran los oradores, UCLA sirvió como nuestra institución pública de educación superior. La calle, UCLA, ofrecía un discurso público enriquecido del pensamiento intelectual de los negros.
En la vida religiosa afroamericana, las calles también han sido el escenario para la protesta social cristiana y la teología pública. El movimiento por los derechos civiles de los negros tuvo su momento y recibió la atención mundial cuando los predicadores afroamericanos hacían movilizar sus miembros de los bancos de la iglesia a las líneas cercadas de la calle. El mundo no solo pudo ver una ética social cristiana afroamericana en práctica, sino que también pudo escuchar una teología pública de los negocios expuesta por Martin Luther King, Jr. El primer día del boicot del bus de Montgomery el 5 de Diciembre de 1955, abrazó la causa con sus puntos de vista sobre las condiciones requeridas para el activismo de los negros: "La libertad nunca se da a nadie! El opresor lo tiene a usted bajo su dominio porque sus planes son mantenerlo a Ud. allí! Y nunca se dará por vencido voluntariamente. Tenemos que continuar manteniéndonos organizados para ganar la libertad. Esto no se hace voluntariamente. Se hace a través de la presión que proviene de la gente que está oprimida. Las clases privilegiadas nunca cederán sus privilegios sin una fuerte resistencia."
Para el público en general, las calles son comúnmente consideradas como el sitio para llevar a cabo motines. Endemoniadas en parte por la violencia que allí tiene lugar, las revueltas callejeras de la gente marginada son formas revolucionarias orgánicas de la justicia social donde ellos consiguen su propio poder. La comunidad LGBT (lesbiana, gay, bi-sexual y trans-sexual) de Greenwich Village de Nueva York aprendió eso la noche del 27 de Junio de 1969. Poco supieron los patrones del Stonewall Inn, un bar de la clase trabajadora LGBT Latino y predominantemente afroamericana, que aquellas dos noches de amotinamiento (Junio 27- 29) encenderían el advenimiento de nuestro movimiento de liberación de homosexuales. El último día de los motines callejeros, la muchedumbre se reunió en las afueras de Stonewall Inn para evaluar los daños y leer los graffiti pintados en sus paredes "Legalizar Los Bares Gay" y "Apoyar el Poder Gay". Tales fueron las primeras expresiones de la teología pública de los homosexuales.
Teología de los desposeídos
Las teologías públicas emergen de la gente de la calle. Las teologías públicas son también teologías de liberación, porque emergen de aquellas gentes que están en lo más bajo y con una vida marginada. El teólogo Robert McAfee Brown en Liberation Theology (1993) señala que "el punto de partida para la teología de la liberación no es del todo el tema que los teólogos tratan en sus escritos, sino aquello que pasa aquí y ahora en las esquinas de las calles o en las cocinas comunitarias." Estas teologías se refieren a los desposeídos, a los desheredados, a los que no son respetados y a los damnificados. Ellas son expresiones de la vida de la gente de Dios. Y, aunque no toda la gente de la calle sea gente de fe y muchos tengan vidas seglares, la teología no está restringida ni es privativa únicamente para aquellos que están en los seminarios, las iglesias o que reconocen un Dios viviente. La teología se refiere a la totalidad de la vida y la totalidad de la vida abarca tanto sus esferas sagradas como sus esferas públicas. Como el Obispo Episcopal de Massachusetts, M. Thomas Shaw, ha señalado, "nuestra vida pública es en mucho una parte de nuestra jornada (religiosa)" (Ver "Walking the God-talk in politics today: resurrecting a public theology" TW 9/00). La gente de la calle puede haber sido forzada a los márgenes públicos de la sociedad (las calles) pero su sitio social y experiencias vividas como personas y como comunidades chocan contra las estructuras y sistemas de dominio existentes y cuestionan las presunciones dominantes de la cultura acerca de la totalidad de la vida y los apuntalamientos teológicos sobre los cuales se fundamentan.
Un llamado profético
Claramente, las teologías públicas con frecuencia emergen de un sitio de inhospitalidad y parroquialismo. Sin tener acogida en la iglesia ni un sitio en la academia, estas teologías emergen del activismo de gente indígena de la calle y en la calle. Las teologías públicas tienen un llamado profético en cuanto llaman la atención sobre las injusticias sociales del día de hoy y las enfermedades institucionales que tratan de una evicción forzada de la gente en particular del Reino de Dios. Estas teologías públicas son llamados de atención a los privilegiados de que sus iglesias y seminarios no solo estancan la vida espiritual de los oprimidos, sino que limitan sus puntos de vista teológicos para ver y conocer las distintas facetas de Dios. Estas teologías públicas son, de hecho, las expresiones auténticas de la vida de las gentes de Dios. Y, aunque estas teologías públicas reflejan una lucha sinfín para dar una voz y visibilidad a aquellos relegados a los márgenes de la sociedad, estas teologías también reflejan la dicha y celebración en las vidas diarias de sus gentes que provienen y están en las calles.
Cuando las iglesias trabajan, le dan piso a los que vagan espiritualmente. Ellas abrazan al tímido eclesiásticamente. Ellas recogen a los que no tienen iglesia y apoyan la misión cristiana para dar la bienvenida a todos los hijos de Dios.
Sin embargo, cuando las iglesias pierden su llamado profético, ellas se exponen no solo a que les tilde de inhospitalarias sino también que se le considere parroquiales. La teología en estas iglesias, desafortunadamente, se convierte en articulados eclesiásticos del status quo, donde la Biblia funciona como su dogma de palabra que las legitima. La intolerancia religiosa enmascara el abuso espiritual y clericalismo patriarcal enmascara las opresiones estructurales de manera que estos lugares sagrados de fe se convierten en realidad en sitios de violencia ritualizada.
Los seminarios pierden su llamado profético cuando se dirigen únicamente hacia la academia o únicamente a los intereses institucionales de sus iglesias sectarias. Estos seminarios pueden en forma ocasional dar una mirada al mundo, pero nunca se comprometen plenamente a sí mismos con éste. Sus esfuerzos por enseñar la diversidad cultural y étnica "una diversidad que raras veces se refleja en sus facultades o en sus organizaciones estudiantiles" enmascaran, cuanto más, su intención anímica de ser políticamente correctos, y lo peor, su arrogancia académica para excluir de sus congregaciones lo que en verdad debería ser la educación teológica de la gente. Las teologías que emergen de estos seminarios, desafortunadamente, se convierten en expresiones no auténticas de lo que es la vida de la gente de Dios.
Mientras es fácil ver cómo las desventajas económicas con base en prejuicios raciales lleva a la gente de color a las calles, es menos obvio ver cuánta gente lesbianas, homosexuales, bisexuales y transexuales son forzados a convertirse en gente de la calle.
Abandonados por la familia y los amigos debido a su orientación sexual, muchos de nosotros contamos sólo con las calles. Y muchos homosexuales, lesbianas, bisexuales y transexuales están huérfanos espiritualmente en cuanto han sido desalojados de nuestras comunidades de fe. Con frecuencia nos encontramos a nosotros mismos en las calles de enclaves de homosexuales buscando la comunidad espiritual que perdimos desde que fuimos excomulgados por nuestras comunidades de fe. Y, aunque muchos de nosotros hemos encontrado refugio espiritual en iglesias alternativas de homosexuales como la de Metropolitan Community Church, Dignity and Unity Fellowship, muchos de nosotros, no obstante, extrañamos las iglesias que nos acojan.
Debido a que las calles son la cruda realidad tanto los que no tienen un hogar como de los que están sin trabajo, muchas de las personas LGBT que están en los seminarios o en las escuelas de estudios teológicos residen en el closet hasta después de su grado u ordenación. Sin embargo, aún después que salen del closet, muchos de nosotros no necesariamente predicamos, enseñamos, escribimos o abogamos partiendo del estado social de ser homosexuales porque las calles pueden ser incluso un sitio donde terminemos si así lo hacemos.
Surgir como un teólogo público
Como soy una lesbiana declarada, no he encontrado una iglesia que me acoja en mi fe tradicional de la iglesia negra desde la cual pueda llevar a cabo el ministerio sobre el SIDA. Ni he localizado una base académica donde pueda hacer teología sobre homosexualidad porque ésta no es aún, a los ojos de muchos académicos, una teología legítima. Así que he encontrado un hogar y el trabajo de mi vida y ministerio en las calles, con las comunidades LGBT de Boston. El fundamento para el trabajo de mi vida radica en que Jesús dijo según Mateo 25:45: "En verdad os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis" Por tanto, al querer ser un practicante de la Cristiandad aplicada y hacer una "teología en práctica" me di cuenta que mi trabajo sería principalmente una teología pública.
A medida que me revelé como lesbiana a mí misma y ante mi iglesia, mi voz teológica se fue elevando. Cuando era estudiante en el Union Theological Seminary en Nueva York sólo me enfocaba en las mujeres de la iglesia negra, cuando era estudiante de doctorado en Harvard Divinity School, mi atención se centraba en los derechos civiles de las personas lesbianas, homosexuales, bisexuales y transexuales. En Harvard, también, combiné el periodismo con mi área de estudio, lo que me permitía desarrollar un fuerte enfoque sobre la religión en las noticias. Como resultado, en esta era del Derecho Cristiano, uno de mis ministerios que está en práctica son mis dos columnas sobre religión "The Religion Thang" para In Newsweekly, un periódico de LGBT que circula ampliamente en todos los estados de New England, y una columna mensual en línea "Queer Take" para The Witness (ver www.thewitness.org).
Debido a que la homofobia es tanto una forma de repudio de la gente LGBT como una posición que se toma por lo general "en nombre de la religión", mi periodismo se ha dedicado a exponer cómo la Cristiandad le ha dado forma al punto de vista teológico y moral acerca de nosotros, la gente LGBT. También, como la Cristiandad nos causa impacto tanto a nuestras vidas seglares como religiosas, mis columnas tratan de informar a mi audiencia sobre el papel que juega la religión en toda las formas de discriminación en racismo, sexismo, anti-semitismo y homofobia. Mi intento de abogar es para informar e inspirar a mis lectores LGBT de una manera que les haga entender plenamente de la enormidad que juega la religión en nuestras vidas, ya sea si somos ateos practicantes o si somos Cristianos en recuperación, y cómo tanto la intolerancia religiosa como el fundamentalismo no sólo destrozan la meta de la democracia americana sino que también fomentan un clima de abuso espiritual que impide la expresión auténtica de la vida de la gente de Dios.
Al informar de religión en las noticias, ayudo a sacar a la luz el discurso teológico de los confines restringidos de las aulas de clase y de la iglesia y ponerlo en la calle. En el proceso, estoy haciendo que este discurso teológico sea accesible a una población de gentes. La teología de la liberación sólo puede tener integridad si se hace en conjunto con una comunidad que lucha por su existencia.
Escribir: activismo de teología pública
Escribir ha estado siempre asociado con el trabajo de los académicos, teólogos y periodistas, no activistas. Pero escribir sobre lo que es correcto o incorrecto y escribir sobre la justicia social es también trabajo de una teología pública.
Mucho de lo que se escribe acerca de la gente LGBT se hace por heterosexuales. Y si se encuentra en los periódicos, revistas, películas o en la televisión, ese escrito no puede escapar a la desinformación o estereotipos. Mucho de lo que somos se ve y se escribe a través de un prisma complicado de homofobia que proyecta y condona mentiras, temores y violencia perpetrados sobre nosotros por el sagrado motivo de la virtud moral y los valores de la familia.
Para mis ancestros africanos, escribir se convirtió en una herramienta subversiva, particularmente en una cultura occidental que no valoraba la veracidad de sus vidas que se transmitía en una tradición verbal. Escribir permitió a mis ancestros contar y recopilar las historias de sus vidas como un texto sagrado. Entonces, escribir también hace visible, por lo menos al imprimir, aquellas vidas que con mucha frecuencia son omitidas con intención, especialmente las vidas de la gente de la calle. Por tanto, escribir es una necesidad política.
Para la gente LGBT, escribir desde su condición social no es sólo un acto homosexual radicalmente, sino también una herramienta subversiva para descentrar el centralismo del canon teológico tradicional en esta sociedad que valora y alaba los escritos hechos por y acerca de los heterosexuales como una normativa. Mediante nuestros escritos, nosotros creamos una voz contraria, un texto y conocimiento que se convierte en una herramienta que no sólo nos da voz, sino que también nos da el poder.
Los escritores, periodistas, teólogos y activistas LGBT deberían escribir porque nuestras vidas dependen de ello. Nosotros deberíamos escribir porque de no hacerlo nos conduciría a participar en nuestra propia extinción. Deberíamos escribir porque aquellos que están detrás de nosotros, nuestra progenie, lo necesitan. Deberíamos escribir para que nuestras obras se conviertan en un canon para la supervivencia, y en nuestra propia biblia sagrada. Y deberíamos escribir porque sabemos que nuestras vidas son textos sagrados. Escribir en este sentido se convierte tanto en un acto de liberación así como de activismo social que es el trabajo de una teología pública.
Congregar a los de la calle
Para que nuestras iglesias y seminarios avancen en el nuevo milenio con un llamado profético, ellos deben incluir en sus congregaciones a aquellos de nosotros que estamos fuera en las calles. Sus teologías deben convertirse en Cristiandad aplicada a "teologías en práctica" que abarque la academia, la iglesia y el público. La iglesia y la academia deben tener una relación permanente entre sí y con el público que mire a la realidad desde una estancia de compromiso, de andar involucrados a la luz de una fe que haga justicia. Solo entonces se liberarán de los cargos que se les hacen a muchas de nuestras iglesias y seminarios por inhospitalidad y parroquialismo, y solo entonces podrán reflejar en forma verdadera las expresiones auténticas de las vidas de toda la gente de Dios.
Irene Monroe es miembro de Ford Foundation Fellow y candidata doctoral en Harvard Divinity School donde ella es cabeza de enseñanza de compañerismo para el Rev. Peter Gomes. Sus columnas "Queer Take" se encuentran usualmente en www.thewitness.org.