Un llamado de la iglesia del sur para responder a la pandemia del SIDA
Por Ted Karpf
Cuando los Primados de la Comunión Anglicana se reunieron en Cantorbery en abril de este año, hicieron una declaración hablada de parte de la iglesia del globo sur a la iglesia del globo norte. Proclamaron que el "SIDA no es un castigo de Dios". Los primados consideraron que la iglesia es "con mucha frecuencia una voz de condena" que ha llevado a abandonar y abusar de aquellos que viven con SIDA y aquellos que sobreviven a éste. Prosiguieron luego con la descripción de un camino a seguir que clama por "una acción conjunta y coordinada (con gobiernos, programas de desarrollo, agencias de salud y medicamentos y ONGs) para atender la enormidad de este reto".
Para Nesta, una madre de 34 años de edad con cuatro hijos, estas palabras fueron muy pocas y llegaron demasiado tarde. Ella se encuentra ahora bajo tierra con su esposo minero y dos de sus hijos, en una tumba detrás de una humilde choza de barro, en el Valle de las Mil Montañas de Suráfrica.
Para Thembe, una abuela del Pueblo de Botshabelo en el Estado Libre de Suráfrica que está criando ocho nietos desde la muerte de sus dos hijas a causa del SIDA, estas palabras podrían ser la diferencia entre la esperanza y el desconsuelo. Dos de sus nietos son VIH positivos, y más pueden haber por falta de educación y empleo.
Para Gareth, de 14 años de edad, que crece en las calles de Ciudad del Cabo, estas palabras podrían ayudarle a tener acceso al auxilio que él necesita, si esta iglesia está escuchando y está lista a atender.
Y para Margaret, una sacerdotisa, estas palabras señalan la forma de comprometer a su gente en el ministerio, pero hasta que ellas no representen medios para vivir, junto con comida, agua potable y sanidad, son sólo grandes ideas con poco o ningún contenido por ahora.
El canario en la pandemia
En una forma profundamente simple, 20 años de estigma y de negación tratados en Cantorbery marcaron el final del silencio de la quieta iglesia del sur. La extensión total de la pandemia del SIDA en Africa sola ha sido descrita por el Secretario General de las Naciones Unidad, Kofi Annan, como "una tragedia de proporciones bíblicas". Treinta millones de los cuarenta millones en el mundo que están infectados viven en el Africa sub-Sahara. En una palabra, Africa está muriendo. Las cifras también apuntan a las grotescas desigualdades del género. Cerca del 58 por ciento de estas víctimas son mujeres con edades que oscilan entre los 15 y 49 años. En todo Africa, sólo 30,000 personas tienen acceso a tratamiento para prolongarles la vida y anti-retrovirales (ARVs), lo cual muestra la pandemia concurrente de la pobreza. Africa no está sola. El Enviado Especial de las Naciones Unidas para el VIH / SIDA, Stephen Lewis ha descrito a Africa del Sur como "el canario en la pandemia" para el resto del mundo. Nuevas predicciones de pandemia en Europa Oriental, India, China y Rusia están elevando las cifras calculadas en el mundo de infectados por VIH a por lo menos 100 millones en el año 2020. Para dar la perspectiva de ese número, la Muerte negra en Europa mató más de 40 millones y la epidemia de Influenza de 1918 cobró 45 millones de vidas.
Esta catástrofe, en cámara lenta, está ocurriendo en el escenario de los efectos de la globalización. Se ve con frecuencia en los sistemas: compañías farmacéuticas multinacionales estableciendo políticas sobre los costos, distribución, fabricación y utilidad de los medicamentos que salvan vidas; las empresas de explotación minera internacional, de manejo de los recursos y agrícolas tomando decisiones de vida o muerte a diario sobre tratamientos y cuidado de la salud; generaciones de desarrollo interrumpido debido a los cambios climáticos y cambio de condiciones agrícolas; desempleo y subempleo masivo; gobiernos nacionales ineptos, incapaces y volantones abrumados por las necesidades de sus gentes en cuanto sistemas básicos de agua potable, alimentación, seguridad y cuidado de la salud pública; y el relativo abandono e indiferencia por la destrucción de los ciudadanos por parte de las naciones más poderosas y fuertes del mundo desarrollado. Verdaderamente, los problemas son suficientes para que no se vayan de la cabeza.
Organizando una respuesta en Boksburg
No obstante, la respuesta a la pandemia del VIH / SIDA se ha fusionado alrededor de la figura del Movimiento Internacional para el Perdón de Deudas de la Comunión Anglicana, Njongonkulu W.H. Ndungane, Arzobispo de Ciudad del Cabo y Arzobispo Metropolitano de la Iglesia Provincial de Africa del Sur; ésta comprende Angola, Namibia, Lesoto, Swazilandia, Mozambique, Islas Santa Helena / Ascensión y Suráfrica. Estas son algunas de las áreas de impacto más duro en Africa donde la pobreza, el hambre, la tuberculosis, la malaria y el SIDA están siempre entrelazados.
En abril del 2001 el Arzobispo de Cantorbery, George Carey, y sus compañeros Primados encargaron al Arzobispo Ndungane para liderar la respuesta de la Comunión a la pandemia del SIDA. En agosto de 2001, se llevó a cabo por primera vez la Conferencia Anglicana de Toda Africa sobre VIH / SIDA en Boksburg, un suburbio de Johannesburgo, Suráfrica.
Este esfuerzo popular ha surgido, en parte, debido a que las pérdidas están empezando a manifestarse en otras tragedias como la actual hambruna ocasionada por la falta de granjeros que siembren y de segadores que cosechen, al igual que el trastorno social y la sequía; el marcado desacelere del crecimiento y desarrollo; la falla de los gobiernos en manejar la panoplia en desarrollo de los temas sociales y económicos; el crecimiento de las masas de niños huérfanos que se estiman ahora que llegarán a 25 millones en los próximos siete años; y el rompimiento de los sistemas de educación debido a las muertes siempre en aumento de maestros y alumnos. Lo que existe en la forma de un sistema de salud pública está al borde del colapso.
El apoyo financiero y moral para la conferencia comenzó con la Compass Rose Society seguida por Episcopal Relief and Development (ERD), junto con UNAIDS, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y Pharmaceutical Research and Manufacturers Association (PhRMA). Más de 54 naciones de las 12 Provincias Anglicanas de Africa estuvieron representadas en Boksburg. Durante el curso de tres días, se redactó y adoptó una declaración de consenso junto con un patrón para planeación estratégica e informe sobre las actividades de la iglesia respeto al VIH / SIDA. La reunión también trajo consigo donantes internacionales, ONGs, caridades cristianas, compañías farmacéuticas, líderes religiosos y gentes que viven con SIDA para crear un modelo o patrón para planeación estratégica y desarrollo comunitario que pudiera ser apoyado y sostenido por donantes.
Al concluir, los Arzobispos de Africa declararon, "Nos obligamos con la promesa que las generaciones futuras nacerán y vivirán en un mundo libre del SIDA". Tal es la naturaleza de la esperanza en Africa donde los líderes de la fe pueden darle al futuro que reclamen, permaneciendo firmes en el presente agonizante.
Faros de esperanza
Pequeños faros de esperanza continúan dando fe de lo que es posible en un lugar donde el equivalente de dos septiembres once ocurre todos los días de la semana. El canónigo Gideon Byamugisha, un clérigo anglicano de Uganda, es un testigo viviente como persona con VIH positivo de lo que pueden hacer las ARV. El casi muere en 1998 debido a las enfermedades oportunistas. Hoy día él y su esposa con VIH positivo -quien también había quedado viuda como Gideon debido al virus- son los orgullosos padres de una niña VIH negativo. Esto fue posible gracias a un tratamiento al 80 por ciento de Nevirapine, una droga que corta en un 50 por ciento el riesgo de transmisión del VIH entre madre e hijo. El es la imagen de una Africa en resurrección ya que diariamente gasta sus energías dando fe y pidiendo apoyo para la gente que vive con SIDA en todo Africa y alrededor del mundo. Fue su testimonio en la reunión de primados en Kanuga en el año 2001 lo que los movió a ellos a declarar el SIDA como "la prioridad número uno de la comunión en todo el mundo".
Fieles testigos del poder de la esperanza y el compromiso están despertando la voluntad colectiva de la gente a través del continente. Las comunidades se están uniendo para organizar sus respuestas. La juventud se encuentra participando activamente y liderando seminarios con sus parientes y personas mayores para hablar sobre prevención, la cual radica en discutir los temas sobre sexualidad, tradición, valores de la comunidad y otros. Hospicios, en nada más que chozas de barro, garajes abandonados y salones, son los sitios donde se hacen muchos esfuerzos para aliviar el sufrimiento. Incluso se está examinando formas más efectivas por su costo de permitir el descanso de los muertos y cuidar de sus sobrevivientes que llevan su luto.
Grupos de mujeres, particularmente la Unión de madres, La Fraternidad de Mujeres Anglicanas, y los hombres de la Sociedad de la Misión Bernard Mizeki están empezando a hacer esfuerzos para el cuidado desde el hogar y manejo del bienestar. La iglesia está activamente empeñada en organizar ministerios que respondan al creciente número de niños huérfanos. No obstante todo el trabajo que la gente está haciendo, muchas familias luchan día a día sin comida ni acceso a agua potable, lo cual hace que muchos esfuerzos sean inútiles. ¿Cómo puede una familia con estrechez encargarse de niños huérfanos cuando ellos por sí mismos no pueden sostener su vida?
Recursos de organización
La realidad es que sin los recursos adecuados que permitan trabajar a las comunidades sobre temas de prevención y tratamiento, comida y agua, sus esperanzas serán diseminadas en un montón de promesas rotas para la gente de Africa. Se necesita un nuevo esfuerzo de una misión sostenible y compasiva. La iglesia en Africa prevalece al contar su historia y ahora le pide a la Comunión en todo el mundo para que de apoyo: recursos financieros y humanos y ayuda técnica. El Sínodo de la Iglesia en la Provincia del Sur de Africa aprobó unánimemente su primer plan de acción a tres años y por $2.5 millones de dólares. Este plan fue desarrollado con el apoyo de USAID, ERD y un pequeño grupo de participantes de la Diócesis Episcopal de Washington. Luego hizo una lista de 23 proyectos y de actividades a corto plazo con base en su plan estratégico, con un costo de no más de $5,000 cada uno, para desarrollar su agenda en forma inmediata. ¿ Pero quién los apoyará?
En el Consejo Consultivo Anglicano que se reunió en Hong Kong en Septiembre pasado, la iniciativa Africana sobre VIH / SIDA convocó a la Comunión en todo el mundo para que hicieran compañeros de las Iglesias en el globo sur formando una Asociación por la Vida. La Comunidad respondió mediante la aprobación para crear un Fondo para el SIDA por la Comunión Internacional Anglicana, que sería administrado por la Oficina de la Comunión Anglicana en Londres.
La necesidad actual radica en los $2.5 millones de dólares para los primeros tres años de lo que debe ser un compromiso a 20 años. La primera en contribuir fue la Iglesia Japonesa. ERD está organizando rápidamente esfuerzos a través de una sociedad sin ánimo de lucro 501© (3) recientemente creada para ayudar a la lucha contra el SIDA en el continente africano. Africa está organizando todos sus recursos, pero se necesita más. Las propias infraestructuras de las iglesias y comunidades, donde cientos de miles han perecido ya, están siendo gravadas por la carga del cuidado y de la muerte. Clérigos de muchas comunidades se han ido sin su pago por meses, porque las párrocos se encuentran ocupados cumpliendo con la demanda de funerales, apoyo a los niños, desempleo y ahora hambre. En una visita reciente al Africa del Sur plagada por la hambruna, el jefe del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidad, James Morris, anotaba que la comida era solamente una parte del problema; el centro del problema era el SIDA.
Imágenes del Apocalipsis moderno
Por cerca de dos años, he tenido el privilegio de estar en el núcleo de los esfuerzos en todo el continente africano para comprometer la Iglesia Anglicana y la Comunión en todo el mundo en nuestra lucha contra los estragos del VIH / SIDA. He visitado docenas y docenas de comunidades y congregaciones, particularmente en el Sur de Africa, donde la gente se ha unido para fortificar su fe para trazar sus tácticas contra el SIDA. Me he reunido con gente de fe que han luchado día y noche para ganarse la vida a duras penas, criar sus hijos, pagar matrículas para la escuela primaria la educación universal no es un hecho de vida aquíy alimentar sus familias en medio del creciente horror que los circunda. La vida transcurre, como siempre lo hace. La gente se levanta en la mañana para sacar agua de un pozo, a veces a más de 10 kilómetros de distancia, regresan al salir el sol para bañarse y vestirse y alimentar una familia. Ellos giran alrededor del negocio de vivir, con frecuencia cantando himnos de alabanza al Creador, quien llamó esta tierra gente para que fuera el sitio del nacimiento del ser humano. Constantemente me inspiro por la fe que permite que la gente sueñe con un día mejor y ofrezca hospitalidad sin escatimar en un lugar de escasez y privación.
Desde el frente, puedo informar que no hay aún montones de cadáveres esperando entierro desde donde puedo verlos. No hay millones de personas enfermas y muriendo donde yo pueda sentir el hedor de la muerte. No hay ejércitos de niños huérfanos muriendo de hambre rondando y haciendo pillaje en el campo en una búsqueda frenética de alimento y alojamiento, listos a arriesgar todo por un mendrugo de pan. Aún todas estas imágenes de un Apocalipsis moderno no se presentan, un poco más allá de lo que puedo ver hoy.
Las estructuras y liderato de la Iglesia se han movilizado y comprometido a los Anglicanos alrededor del mundo en ministerios de esperanza. Lo que queda es el apoyo material, financiero y humano a largo plazo de las iglesias del norte para la gente del sur. Al Arzobispo Ndungane resume la situación de esta manera: "Nosotros sabemos de la buena voluntad de nuestros hermanos y hermanas. También sabemos los hechos básicos de que nadie debería cuidarse solo y nadie debería morir solo. Necesitamos que todos presionen sus comunidades de fe y sus gobiernos para caminar con nosotros en esta jornada de la muerte hacia la vida. Para que todos trabajemos por una generación sin SIDA".